|
Conticuere omnes intentique
ora tenebant inde toro pater Aeneas sic orsus ab alto:
Infandum, regina, iubes
renouare dolorem, Troianas ut opes et lamentabile regnum eruerint Danai, quaeque ipse miserrima uidi
5 et quorum pars magna fui. quis talia fando Myrmidonum Dolopumue aut duri miles Vlixi temperet a lacrimis? et iam nox umida caelo praecipitat suadentque cadentia sidera somnos. sed si tantus amor casus cognoscere nostros 10 et breuiter Troiae supremum audire laborem, quamquam animus meminisse horret luctuque refugit, incipiam. fracti bello fatisque repulsi ductores Danaum tot iam labentibus annis instar montis equum diuina Palladis arte
15 aedificant, sectaque intexunt abiete costas; uotum pro reditu simulant; ea fama uagatur. huc delecta uirum sortiti corpora furtim includunt caeco lateri penitusque cauernas ingentis uterumque armato milite complent. 20 est in conspectu Tenedos, notissima fama insula, diues opum Priami dum regna manebant, nunc tantum sinus et statio male fida carinis: huc se prouecti deserto in litore condunt; nos abiisse rati et uento petiisse Mycenas.
25 ergo omnis longo soluit se Teucria luctu; panduntur portae, iuuat ire et Dorica castra desertosque uidere locos litusque relictum: hic Dolopum manus, hic saeuus tendebat Achilles; classibus hic locus, hic acie certare solebant. 30 pars stupet innuptae donum exitiale Mineruae et molem mirantur equi; primusque Thymoetes duci intra muros hortatur et arce locari, siue dolo seu iam Troiae sic fata ferebant. at Capys, et quorum melior sententia menti,
35 aut pelago Danaum insidias suspectaque dona praecipitare iubent subiectisque urere flammis, aut terebrare cauas uteri et temptare latebras. scinditur incertum studia in contraria uulgus.
Primus ibi ante omnis magna
comitante caterua 40 Laocoon ardens summa decurrit ab arce, et procul 'o miseri, quae tanta insania, ciues? creditis auectos hostis? aut ulla putatis dona carere dolis Danaum? sic notus Vlixes? aut hoc inclusi ligno occultantur Achiui, 45 aut haec in nostros fabricata est machina muros, inspectura domos uenturaque desuper urbi, aut aliquis latet error; equo ne credite, Teucri. quidquid id est, timeo Danaos et dona ferentis.' sic fatus ualidis ingentem uiribus hastam
50 in latus inque feri curuam compagibus aluum contorsit. stetit illa tremens, uteroque recusso insonuere cauae gemitumque dedere cauernae. et, si fata deum, si mens non laeua fuisset, impulerat ferro Argolicas foedare latebras,
55 Troiaque nunc staret, Priamique arx alta maneres.
diuidimus muros et moenia
pandimus urbis.
accingunt omnes operi pedibusque rotarum
235 subiciunt lapsus, et stuppea uincula collo intendunt; scandit fatalis machina muros feta armis. pueri circum innuptaeque puellae sacra canunt funemque manu contingere gaudent; illa subit mediaeque minans inlabitur urbi.
240 o patria, o diuum domus Ilium et incluta bello moenia Dardanidum! quater ipso in limine portae substitit atque utero sonitum quater arma dedere; instamus tamen immemores caecique furore et monstrum infelix sacrata sistimus arce. 245 tunc etiam fatis aperit Cassandra futuris ora dei iussu non umquam credita Teucris. nos delubra deum miseri, quibus ultimus esset ille dies, festa uelamus fronde per urbem.
|
Todos callaron y en tensión
mantenían la mirada;
luego el padre Eneas así
comenzó desde su alto lecho:
«Un dolor, reina, me mandas
renovar innombrable,
cómo las riquezas troyanas y
el mísero reino
destruyeron los dánaos, y
tragedias que yo mismo he visto
5
y de las que fui parte
importante. ¿Quién eso narrando
de los mirmídones o dólopes o
del cruel Ulises soldado
contendría las lágrimas? Y ya
la húmeda noche del cielo
baja y al caer las estrellas
invitan al sueño.
Mas si tanta es tu ansia de
conocer nuestra ruina
10
y en breve de Troya escuchar
la fatiga postrera,
aunque el ánimo se eriza al
recordar y huye del llanto,
comenzaré. Quebrados por la
guerra, por el hado rechazados
los jefes de los dánaos al
pasar ya tantos los años,
como una montaña un caballo
con arte divina de Palas 15
levantan, tejiendo sus
flancos con tablas de abeto;
lo fingen un voto por el
regreso; así la noticia se extiende.
Escogidos a suerte, a
escondidas aquí los guerreros
encierran en el ciego costado
y hasta el fondo llenan
las cavernas enormes de la
panza con hombres en armas. 20
Enfrente está Ténedos, isla
de bien conocida
fama, rica en recursos al
estar en pie de Príamo el reino,
hoy sólo un golfo y un puerto
del que los barcos desconfían:
lanzados aquí en la playa
desierta se ocultan;
pensamos que, idos, andaban
buscando Micenas al viento. 25
Así toda Eucria se vio libre
al fin de un duelo ya largo;
se abren las puertas, da
gusto pasear contemplando
las tiendas de los dorios y
ver desierto el lugar y la playa vacía:
aquí la tropa de los dólopes,
aquí Aquiles cruel acampaba;
aquí el lugar de los barcos,
aquí en formación peleaban.
30
Unos sin habla contemplan de
Palas fatal el regalo,
asombrados del tamaño del
caballo, y el primero Timetes
ordena pasarlo a los muros y
ponerlo en lo alto,
bien por engaño bien que ya
así lo cantaba el destino de Troya.
Capis no obstante y los de
mejor opinión en la mente
35
nos mandan arrojar al mar la
trampa del dánao
y el extraño presente y
quemarlo con fuego debajo,
o perforar los huecos de su
panza buscando escondrijos.
Dudosa entre dos pareceres se
divide la gente.
»Y, mira, el primero de todos
seguido de gran compañía 40
baja Laocoonte encendido de
lo alto de la fortaleza,
y a lo lejos: “¡Qué locura
tan grande, pobres ciudadanos!
¿Del enemigo pensáis que se
ha ido? ¿O creéis que los dánaos
pueden hacer regalos sin
trampa? ¿Así conocemos a Ulises?
O encerrados en esta madera
ocultos están los aqueos, 45
o contra nuestras murallas se
ha levantado esta máquina
para espiar nuestras casas y
caer sobre la ciudad desde lo alto,
o algún otro engaño se
esconde: teucros, no os fiéis del caballo.
Sea lo que sea, temo a los
dánaos incluso ofreciendo presentes.”
Luego que habló con gran
fuerza una lanza enorme
50
disparó contra el costado y
contra el vientre curvo de tablones.
Se clavó aquélla vibrando y
en la panza sacudida
resonaron las cuevas y
lanzaron su gemido las cavernas.
Y, si los hados de los dioses
y nuestra mente no hubieran estado
contra nosotros, nos habrían
llevado a horadar los escondites de Argos, 55
y aún se alzaría Troya y
permanecerías en lo alto, fortaleza de Príamo.
Todos manos a la obra ponen
ruedas a los pies,
y tienden a su cuello cuerdas
de estopa; 235
atraviesa los muros el
ingenio fatal, preñado de armas.
A su lado los mozos y las
doncellas cantan sus himnos
y gózanse si pueden tocar con
su mano la cuerda;
entra aquél y se desliza,
amenazante, hasta el centro de la ciudad.
¡Ay, patria! ¡Ay, Ilión,
morada de dioses, y muros 240
dardánidas, en la guerra
famosos! Cuatro veces
justo en el umbral de la
puerta se detuvo, otras tantas
gritaron de la panza las
armas. Sin embargo, insistimos
inconscientes y en ciego
frenesí colocamos
en lo más santo de la
fortaleza el monstruo funesto. 245
Aún entonces Casandra, a
quien por mandato del dios los teucros
no creían, abrió su boca para
mostrarnos el destino futuro.
¡Pobres de nosotros! Era
aquel nuestro último día
y adornamos con festivas
guirnaldas los templos de la ciudad.
|